Preguntaron a una madre cuál era el secreto para obtener que sus hijos fueran tan amados por los demás, y ella respondió: 'Mi primera lección es enseñarles a sonreír'. Y resumía así los consejos que ella da a sus hijos: Sonríe, sonríe, hasta que notes que tu continua seriedad o tu severidad habitual hayan desaparecido. Sonríe, hasta que logres que el calor de tu rostro alegre, caliente tu corazón que tiende a ser frío. Recuerda que tu sonrisa tiene un trabajo que hacer: ganar amigos para ti, y almas para Dios.