¿Sabemos donde vamos cuando soñamos?

¿Sabemos donde vamos cuando soñamos?

Pasamos un tercio de la vida dormidos, y buena parte de ese tiempo soñando. Vicente Fuentes dedica este programa de veintitrés minutos, de septiembre de 2014, a reunir curiosidades y estadísticas sobre ese lugar desconocido, según su descripción. No pude escuchar el audio, así que no sé qué datos concretos cita. Aquí repaso lo que la ciencia y la tradición dicen sobre los sueños, para que tengas un punto de comparación al ver el video.

Cuánto soñamos

En 1953, los investigadores Eugene Aserinsky y Nathaniel Kleitman descubrieron en Chicago el sueño de movimientos oculares rápidos, llamado REM. Es la fase en la que se producen los sueños más vívidos. Durante una noche normal se atraviesan varios ciclos, y el total de sueño REM suma, en un adulto, cerca de una cuarta parte de la noche, es decir, una o dos horas. Todos soñamos, aunque no todos lo recordemos. La memoria de un sueño se desvanece en minutos si no se anota.

Soñar sabiendo que se sueña

El sueño lúcido, en el que la persona se da cuenta de que está soñando, fue demostrado en laboratorio en 1975 por el psicólogo británico Keith Hearne y, algo después, por Stephen LaBerge, en Estados Unidos. Los soñadores lúcidos hacían movimientos oculares pactados de antemano para avisar a los investigadores desde dentro del sueño. Fue una forma ingeniosa de dar un mensaje desde el otro lado de la noche.

¿Adónde vamos?

La pregunta del título es poética. Para la ciencia, el sueño ocurre en el cerebro dormido, que reorganiza recuerdos y emociones. Para muchas culturas, es un viaje. Los aborígenes australianos hablan del Tiempo del Sueño como el origen del mundo. Los egipcios dormían en los templos para recibir mensajes de los dioses. En el siglo II, Artemidoro de Éfeso escribió la «Oneirocrítica», un manual para interpretar sueños. Freud publicó su «Interpretación de los sueños» a fines del siglo XIX, y Jung la reformuló con símbolos compartidos por toda la humanidad.

Sueños que cambiaron algo

Se cuentan historias famosas de descubrimientos nacidos en sueños, como la tabla periódica de Mendeleiev o la estructura del benceno de Kekulé. Son relatos de segunda mano, difíciles de comprobar. Sirven para mostrar algo plausible: la mente sigue trabajando mientras dormimos.

Una práctica sencilla

Si te interesan tus sueños, deja un cuaderno junto a la cama y anota al despertar, sin moverte demasiado. En una semana notarás patrones. No necesitas un diccionario de símbolos. Tú eres la mejor intérprete de tu propia noche.

Material audiovisual de referencia: https://www.youtube.com/watch?v=E39erGkMkOc


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Lux Esoterica.
2026.

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