Un extraterrestre al pie de la cama (1)

Un extraterrestre al pie de la cama (1)
"La pesadilla", de Johann Heinrich Füssli (1781). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Una joven mexicana le escribió a un divulgador ufológico para contarle tres episodios de su vida: una luz enorme en el cielo cuando tenía nueve años, un objeto que cruzó sobre su casa y, ya adolescente, una noche en que no pudo moverse mientras figuras altas y oscuras entraban a su habitación. El video, primera parte de un programa en dos entregas, lee el correo y propone una interpretación audaz. Aquí va el resumen, con lo que se puede decir con los pies en la tierra.

Material audiovisual de referencia: Un extraterrestre al pie de la cama (1). La segunda parte lleva por título "¿Por qué los extraterrestres siguen a determinados humanos?".

La hipótesis del presentador

Antes de leer el correo, el presentador plantea que una inteligencia no humana podría estar vigilando a ciertas personas durante toda su vida. Daría tres razones: la genética (obtener sangre o tejidos de un ser humano "perfecto" para sus fines, y quizá de sus familiares); la preparación mental, para ir acostumbrando a la persona a un contacto mayor; y la "inoculación" de una idea, porque esa persona podría tener un papel importante en alguna de las líneas temporales posibles. Todo, insiste, sin permiso, como si fuésemos una especie inferior.

El relato del correo

La autora, una joven de 23 años que vive en el norte de México y prefiere no dar su ciudad, cuenta que solo lo habló con su pareja. Describe tres momentos:

  • A los nueve años. Jugando afuera con unos veinte chicos, subida a una barda, vio un objeto grande, gris, con luces verdes, que parecía quieto y luego descendió despacio, a unos tres kilómetros, en un parque conocido de la ciudad. Los demás niños también gritaron. Días después, de madrugada, vio otro, distinto, que cruzaba sobre la casa.
  • A los 16 o 17 años. Ya viviendo con su novio en un departamento que no le gustaba, frente a una torre de antenas que le provocaba miedo, una noche sintió que el tiempo se detenía. Vio una luz blanca y azulada en el espejo del baño, no pudo moverse ni hablar y percibió a su derecha figuras humanoides muy altas y negras, con una sombra de espirales detrás. Una tercera figura entró por la ventana. Su novio siguió dormido. Oyó una voz que no logró recordar, la luz se apagó, los seres se fueron y ella se durmió de golpe.
  • Mientras escribía el correo. En su oficina, a unos dos kilómetros de aquel departamento, las luces parpadearon varias veces mientras recordaba todo.

El presentador dice que quedó "de piedra" al leerlo y deja su análisis para la segunda parte.

Lo que pude comprobar

No hay manera de comprobar un relato enviado por correo: no hay fecha ni lugar precisos, ni testigos más allá del novio, que según ella no despertó. Lo que sí puedo decir es que el episodio central coincide, punto por punto, con el de la parálisis del sueño. Según los estudios que encontré, cerca del 8% de la población general la vive alguna vez, y la cifra sube en estudiantes y en personas con ciertas condiciones psiquiátricas. Las revisiones describen alucinaciones muy frecuentes durante estos episodios: la sensación de una presencia o de un intruso, presión en el pecho, luces, figuras oscuras. No recordar el rostro de los seres ni sus palabras, o dormirse de golpe al final, también es habitual.

Una mirada escéptica

Hay una explicación sencilla. Durante el sueño REM el cuerpo queda paralizado para que no actuemos los sueños; en la parálisis del sueño, la mente despierta mientras ese freno sigue activo. El cerebro, asustado, completa la escena con lo que tiene a mano: siluetas, luces, voces, una distorsión del cuarto que parece "moverse". Que el novio no despertara no significa que fuera "bloqueado" por seres: la persona que duerme a nuestro lado no puede ver lo que ocurre dentro de nuestra cabeza.

Los otros dos recuerdos son más débiles todavía. Un objeto "a tres kilómetros" visto de noche por una niña, o una luz que cruza veloz sobre una casa, puede ser un avión, un helicóptero, un globo, un satélite o un meteoro. Y que unas luces de oficina parpadeen mientras se escribe sobre un recuerdo inquietante es una coincidencia a la que la mente le da sentido después, porque el recuerdo lo pide. Los parpadeos eléctricos son comunes, y las coincidencias, por definición, ocurren.

La hipótesis del presentador, además, no se apoya en ningún dato: no explica cómo sabríamos que "los extraterrestres" extraen genética o programan líneas temporales. Es un marco narrativo, no una prueba. Y en todo caso, quien viva episodios repetidos de parálisis con miedo intenso haría bien en consultar con un médico del sueño.

La mirada esotérica

Cada cultura puso nombre a esta visita nocturna. Los antiguos hablaban de íncubos y súcubos; en Newfoundland la llamaron "la vieja bruja"; en Europa medieval, "mare", de donde viene "pesadilla" (nightmare). Füssli la pintó en 1781: una mujer dormida, un demonio sentado sobre su pecho y una cabeza de caballo asomando por la cortina. Cambian los ropajes, no la escena: lo desconocido se sienta al pie de la cama. Hoy lleva figura de visitante de otro mundo, pero es la misma sombra que visitaba a nuestros abuelos, y quizá por eso nos resulta tan familiar.


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2026.

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