¿Censura en el espacio con Elon Musk?

Un cohete Falcon 9 despega de Vandenberg con diez satélites Iridium NEXT (misión Iridium-1, enero de 2017). Foto: SpaceX, CC0, vía Wikimedia Commons.
El 30 de marzo de 2018, miles de personas seguían en directo un lanzamiento de SpaceX cuando, de pronto, la señal se cortó. ¿Qué había pasado? Para el presentador de este video, algo que "el mundo no debía ver". La historia real es más prosaica, aunque tiene su lado curioso. Va el resumen y lo que se sabe.
Material audiovisual de referencia: ¿Censura en el espacio con Elon Musk?
Lo que cuenta el video
Según el presentador, durante el lanzamiento de diez satélites Iridium NEXT, SpaceX tuvo que interrumpir la transmisión de las cámaras que enfocaban la Tierra desde la órbita. El corte duró nueve minutos y se atribuyó a restricciones de la NOAA, la agencia estadounidense de océanos y atmósfera, por una ley de 1992. La empresa dijo que sí había solicitado esa licencia, pero que venía con condiciones sobre qué podía mostrar. El presentador sostiene que la licencia "actúa como censura", que antes SpaceX transmitía sin problemas y que el 2 de abril, en un vuelo con la NASA, nadie pidió nada, de modo que la norma se aplicó de forma selectiva. Concluye que en esos nueve minutos "había algo que el mundo no debía ver", posiblemente objetos no identificados en órbita, y que el gobierno puede requisar las grabaciones.
Lo que pude comprobar
El corte es real y está bien documentado. Fue el lanzamiento Iridium-5 del 30 de marzo de 2018, desde California. Unos nueve minutos después del despegue, antes del apagado del motor de la segunda etapa, SpaceX cortó la transmisión. Durante el directo, un ingeniero de la empresa explicó que no seguirían mostrando la segunda etapa y que trabajaban con la NOAA para recuperar las imágenes desde la órbita más adelante.
La causa, según la prensa especializada y la propia NOAA: SpaceX no tenía licencia de teledetección comercial, que se exige a quien capta imágenes de la Tierra desde el espacio, en virtud de una ley de 1992. La NOAA dijo que SpaceX la había pedido pocos días antes del lanzamiento. La agencia agilizó casi toda la solicitud, pero no alcanzó a aprobar la difusión pública de las imágenes. Y la licencia provisional obligó a cortar las vistas cuando la segunda etapa llegara a órbita.
Hay un punto en que el presentador tiene algo de razón: otras empresas de lanzamiento transmitían desde la órbita desde hacía tiempo sin licencia, y la NOAA dijo no estar al tanto. La polémica en el sector fue justamente que la norma parecía aplicarse de golpe. Pero de ahí a hablar de un secreto hay un abismo. Que el vuelo del 2 de abril, según recuerdo una misión de la NASA, no necesitara el trámite es coherente con que fuera una misión gubernamental, y no pude confirmar los detalles. Tampoco encontré ninguna prueba de que en esos nueve minutos hubiera algo anómalo: lo que se cortó fue la vista de la segunda etapa ya en órbita, y el resto del lanzamiento siguió con normalidad.
Una mirada escéptica
El caso sirve de ejemplo de cómo un trámite burocrático puede parecer una conspiración. Una norma de 1992, escrita antes de que existieran los lanzamientos en directo por internet, se encontró de golpe con una empresa nueva que mostraba el espacio como nadie lo había hecho. La licencia no es una "censura de ovnis": es la misma que regula a los satélites de observación terrestre y busca evitar, por ejemplo, que se publiquen imágenes de alta resolución de instalaciones sensibles.
Además, la hipótesis del video tiene un problema de fondo: si de verdad hubiera algo extraordinario, sería muy difícil esconderlo, porque una segunda etapa en órbita la siguen radares, observadores y aficionados de todo el mundo. Una luz o un destello inesperado en el espacio tiene mil explicaciones comunes: reflejos, restos de combustible congelado, polvo, la propia electrónica de la cámara. Que el gobierno "puede requisar" las grabaciones es técnicamente cierto para casi cualquier material, y no prueba nada por sí mismo.
La mirada esotérica
Aun así, la escena tiene algo de mito antiguo. Una empresa privada sube al cielo, y lo que se ve allá arriba queda bajo la mirada de un poder terrenal. Los griegos lo habrían contado como Prometeo: el que lleva el fuego del cielo y descubre que los dioses lo vigilan. El impulso de ver lo que está más allá del aire es tan viejo como la humanidad, y también lo es la sospecha de que alguien decide qué podemos mirar. Quizá la pregunta que vale la pena guardar no sea qué había en esos nueve minutos, sino quién tiene derecho a mostrarnos el cielo.
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Lux Esoterica.
2026.
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