El hombre que recibió cuatro galletas de un extraterrestre
Un granjero desayuna una mañana de abril. Oye un ruido raro afuera, sale... y encuentra un platillo plateado posado en su patio. De adentro, un ser le tiende una jarra vacía y le hace gestos: necesita agua. A cambio, le dan cuatro galletas calentitas. Parece un chiste. Pero fue investigado por la policía, el juez del condado, la fuerza aérea y hasta un laboratorio oficial.
El video es de Vicente Fuentes, de Ufopolis. Lo que sigue es su relato del caso, contrastado con lo que encontré en la web. Cuando las versiones no coinciden, lo digo.
El 18 de abril de 1961, en Eagle River
Joe Simonton vivía solo en las afueras de Eagle River, en Wisconsin, y tenía unos 60 años, aunque algunas fuentes le calculan 54. Era un hombre poco dado a fantasías, con fama normal en el pueblo. Sobre las once de la mañana, con dolor de espalda y mal humor, desayunaba café con un buen galletón cuando oyó un sonido que describió como el de un neumático con protuberancias sobre pavimento mojado.
Salió, todavía en pijama, y vio un objeto plateado y brillante de ocho o nueve metros de diámetro y tres y medio de alto, suspendido sobre su patio sin llegar a tocar el suelo. Según Fuentes, Simonton tenía conocimientos técnicos y describió todo con detalle: dos secciones unidas por una parte central con luces, tubos alrededor y una pequeña puerta de seis por cuatro pulgadas arriba.
Tres hombres de aspecto mediterráneo
Con el susto del siglo, pero con el temperamento de quien dice "esta es mi casa y aquí mando yo", se acercó. Una ventanilla estaba abierta y adentro había tres individuos que parecían humanos: bajos, de menos de 60 kilos, tez morena, pelo negro y rostros afeitados, de unos 25 o 30 años, con trajes ceñidos azul oscuro casi negros. Lo que más lo perturbó fue la mirada, que no pudo sostener mucho tiempo.
Uno de ellos se asomó y, sin decir palabra, le extendió una jarra metálica de dos asas, haciéndole gestos de que la llenara de agua. Simonton la tomó. Según su relato, pesaba más que el aluminio y menos que el acero. La llenó en la cocina y volvió.
Las cuatro galletas
Al regresar vio que los tres estaban cocinando en una especie de parrilla muy moderna: tortitas, como pancakes. Simonton, con una calma pasmosa, les pidió una con gestos. El que parecía estar a cargo, con un pantalón de rayas rojas, le entregó cuatro galletas todavía tibias, de unos 7,5 centímetros, irregulares. Después le tocó levemente la frente, en lo que Simonton interpretó como un gesto de agradecimiento.
Desde donde estaba pudo ver el interior: negro mate, con tres tableros de instrumentos grisáceos y un zumbido como el de un transformador eléctrico. Luego uno de los seres se ajustó un cinturón, la ventanilla se cerró hasta desaparecer sin dejar una sola junta, y el objeto se elevó en diagonal, a unos 45 grados, y salió disparado hacia el sur. Dicen que el viento de su paso dobló los árboles de un bosquecito cercano.
Simonton probó una galleta. Según se cuenta, le supo horrible: "los peores panqueques que había comido en su vida".
La investigación
Simonton fue a la policía. Según Fuentes, el caso involucró al NICAP, un comité civil de investigación de fenómenos aéreos, al juez del condado, Frank Carter, al ejército y al departamento de salud. Lo interrogaron durante días sin encontrarle contradicciones.
Las galletas se analizaron. Lo que dicen las fuentes concuerda en lo importante: eran alimentos terrestres comunes. El video enumera grasa hidrogenada, almidón, trigo sarraceno y soja, más un salvado de trigo de origen desconocido. Otras fuentes dan listas algo distintas, hasta "puro trigo sarraceno". Y respecto al veredicto oficial, hay versiones que dicen que el caso quedó como "sin explicar" y otras que Simonton y su historia fueron simplemente descartados.
Un segundo testigo
En la comisaría apareció un hombre que no conocía a Simonton: Savino Borgo, agente de seguros. Dijo que ese día, a esa hora, vio desde la ruta 70 un objeto que se elevaba en diagonal a 45 grados, a velocidad parecida y en paralelo al camino. Fuentes dice que estaba a unos 600 metros de la granja; otras fuentes hablan de una milla (unos 1.600 metros). Para Fuentes, esto refuerza el caso. Un escéptico diría que dos relatos tan parecidos podrían haberse contaminado entre sí.
Vallée y la tercera fase
El caso lo recogió Jacques Vallée en Pasaporte a Magonia, su famoso libro de 1969, dentro de su catálogo de encuentros cercanos. Fuentes recuerda que Vallée inspiró el personaje que interpreta François Truffaut en Encuentros cercanos del tercer tipo. Es un dato muy repetido; no lo verifiqué.
La opinión de Fuentes
Para Fuentes, en estos encuentros el testigo siempre recibe una distracción, algo que lo saca de su vida, mientras que una inteligencia escenifica una cosa y hace otra por detrás. También cree que los seres cuidaron la experiencia de Simonton para hacerla más llevadera. Y las galletas serían una prueba física: un intercambio de materia entre esa inteligencia y nosotros. Es su interpretación, no un hecho.
Lo curioso, y lo que lo hace inolvidable, es lo humano: seres que cruzan quién sabe qué distancia y se detienen a pedir agua y a cocinar el desayuno. ¿Viajeros del tiempo, visitantes de otro mundo, una puesta en escena? Cada lector sacará sus conclusiones.
Fuente: http://www.youtube.com/watch?v=PvEVGOoPlco
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