"¿A quién debería rezarle?"

"¿A quién debería rezarle?"
"Manos en oración", dibujo de Alberto Durero (1508). Dominio público, vía Wikimedia Commons.

Si ya no creo en un dios separado de mí, ¿a quién le doy las gracias? La pregunta parece simple, pero toca el nervio de toda vida espiritual. En este breve fragmento de un retiro de silencio, un maestro de la tradición advaita responde con calma. Veamos qué dice, de qué fuentes bebe y cómo se puede leer.

Material audiovisual de referencia: "To Whom Should I Pray?"

Lo que se dice en el video

El fragmento pertenece a un retiro de silencio de abril de 2018 y está subtitulado en español. Un asistente pregunta, con una sola frase, a quién debería rezarle. El maestro, Mooji, contesta con otra pregunta: si sientes ganas de rezar, entonces habrá a quién rezarle. Aunque uno pueda descubrir que todo lo que hay es el Ser y que eso es lo que somos, si dentro hay un anhelo o una gratitud, ¿está mal expresarlo? Él mismo dice seguir agradeciendo.

Señala que incluso un sabio como Nisargadatta Maharaj, que había reconocido al Ser sin ninguna duda, cantaba himnos de alabanza varias veces al día, y que cuando le preguntaban por qué, respondía que "tenía que suceder". La gratitud por haber sido sacado de un pozo y elevado a un estado de conciencia hermoso, sin merecerlo en apariencia, no necesita justificación. Dios, dice, es la inteligencia pura, espíritu, Ser, eterno y sin forma. Si queda algún resto de ego, es mejor decir "gracias a la Conciencia Suprema" que "gracias a mí mismo", aunque textos como el Ashtavakra Gita digan "me adoro a mí mismo" sin ego alguno, porque el sabio no habla de dos.

Distingue luego dos temperamentos. El jñani, el de sabiduría, se inclina a la conciencia y no siente la necesidad de un dios; el bhakta, el devoto, siente reverencia, entrega y abandono. Según él, entre los devotos hay a menudo menos ego que entre los sabios que dicen "soy todo lo que hay", porque la mente puede sobrevivir como persona que afirma "¡yo soy, yo lo tengo!". Nadie puede definir a Dios, concluye: para unos es Shiva, para otros Ishvara, Yahvé o Alá, para los jñanis es Brahman, y para él, todo es lo mismo. Hay una imagen final: todas las olas pertenecen al océano, pero no parece correcto decir que el océano pertenece a la ola. Y una ironía: quien cree "no hay otro" y luego se enfada con alguien que no le paga una deuda, ¿quién es ese otro? Si en el corazón aparece gratitud, que aparezca, y que uno se disuelva en ella.

Lo que se puede comprobar

Nisargadatta Maharaj (1897–1981) fue un maestro de Bombay muy conocido por su enseñanza no dual. Según lo que recuerdo, conducía cantos devocionales en su casa por la mañana y por la tarde, de la tradición espiritual en la que fue iniciado. Es un dato que se repite en los relatos de sus discípulos, y el video lo cuenta en el mismo sentido.

El Ashtavakra Gita. Es un texto sánscrito del advaita en forma de diálogo entre el sabio Ashtavakra y el rey Janaka. Según recuerdo, hay pasajes en los que el que despierta exclama una especie de reverencia hacia sí mismo, que es lo que el maestro cita. No tengo el texto delante, así que dejo la idea general.

Las dos vías. La distinción entre jñana yoga (el camino del conocimiento) y bhakti yoga (el de la devoción) es clásica en el hinduismo, y aparece ya en el Bhagavad Gita. Que ambas coexistan en una misma persona también es parte de esa tradición.

Una advertencia sobre el maestro. Conviene saber que desde 2019 existen acusaciones públicas de antiguos discípulos contra él y su comunidad en Portugal, que él y su centro han rechazado con firmeza. No puedo verificar ni descartar nada de eso. Lo menciono porque, en cualquier tradición, es sano distinguir entre una enseñanza y la persona que la transmite.

Una mirada crítica

La respuesta del video es elegante, pero deja una pregunta abierta. Si Dios es "lo que somos", ¿para qué rezar? Y si hay alguien a quien rezar, ¿cómo evitar que se vuelva un ser separado? El maestro la resuelve en el plano de la experiencia: lo que importa es lo que se siente, no la definición. Para quien busca respuestas, esto puede ser liberador o evasivo. Hay también un matiz práctico: decir que los devotos tienen "menos ego" que los sabios es una opinión suya, no un hecho medible. Muchas tradiciones señalan que el ego puede disfrazarse tanto de humildad como de lucidez.

La mirada esotérica

Casi todas las escuelas del mundo se encuentran en este punto. Los neoplatónicos decían que el alma vuelve al Uno, y sin embargo dirigían himnos al Dios. Los sufíes cantaban su amor al Amado sabiendo que el Amado era su propio centro. Los cristianos místicos hablaban del fondo del alma como lugar donde Dios nace. Rezar, entonces, no sería pedirle algo a otro, sino un acto de reconocimiento: la ola que se sabe océano y se inclina, agradecida, ante lo que la sostiene. Quizá no importa el nombre al que uno dirija su gracias, siempre que sea sincero. Como dice el propio maestro, si la gratitud aparece en el corazón, que se diga "gracias" y que haya paz.


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Lux Esoterica.
2026.

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