Ejercicio del "yo soy"

Ejercicio del "yo soy"

Hay un ejercicio sencillo que se practica con la voz y con la atención. Se llama «yo soy» y fue enseñado por Georges Gurdjieff, un maestro que reunió a sus alumnos en Rusia y luego en Francia. Su idea era que el ser humano vive casi siempre dormido, dentro de pensamientos automáticos, y que la práctica diaria puede devolvernos al presente.

La base del ejercicio es simple: pronunciar «yo soy» en voz alta o en silencio, según la situación, y observar qué sensación aparece. Con el tiempo, quien lo practica aprende a notar dónde vive su propio «yo».

El ejercicio básico

Entona «yo soy» de forma vocal o en silencio, según el momento y el lugar. Mientras lo haces, presta atención a la vibración o al flujo de energía que aparece en el plexo solar, la zona justo debajo del pecho.

No busques una respuesta perfecta. Solo observa qué se siente. Algunos notan calor, otros un leve temblor, y otros no sienten nada en absoluto. Cualquiera de esas respuestas es válida para empezar.

La variante de Ouspensky

P. D. Ouspensky, discípulo de Gurdjieff, relata en sus Fragmentos de una enseñanza desconocida una pregunta de su maestro. Al pronunciar la palabra «yo» en voz alta, ¿de dónde parece venir el sonido?

Al principio el grupo no entendía a qué se refería. Pronto empezaron a notar algo curioso. Algunos sentían que la palabra nacía en la cabeza, otros en el pecho y otros por encima de la cabeza, fuera del cuerpo. El propio Ouspensky confesó que no lograba provocar esa sensación en sí mismo y que tenía que apoyarse en los comentarios de los demás.

Un ejercicio de los monjes

Según Gurdjieff, un ejercicio parecido se había conservado en los monasterios del Monte Athos, en Grecia. Según la tradición que él describía, un monje se pone de rodillas o de pie, levanta los brazos con los codos doblados y dice en voz alta y expansiva «Ego», que en griego significa «yo». Mientras tanto, escucha de dónde proviene la palabra.

Conviene tomar esta descripción como una tradición transmitida por el grupo, y no como un hecho histórico comprobado. Aun así, la práctica de repetir una palabra sagrada con atención es antigua en muchas religiones.

Para qué sirve

El propósito del ejercicio, según la tradición, es sentir el «yo» cada vez que una persona piensa en sí misma. El objetivo es trasladar ese «yo» desde un centro hacia otro: de la mente a una sensación más amplia del cuerpo.

Así, el «yo» deja de ser solo una idea. Se vuelve algo que se siente en el pecho, en la garganta o en la cabeza, y eso ayuda a notar cuándo uno se pierde en la distracción.

Muchas tradiciones han usado la voz para calmar la mente, desde el canto de mantras hasta la oración repetida. Lo que distingue a este ejercicio es la pregunta por el origen del sonido. No se trata de sentir algo bonito, sino de observar dónde nace el «yo» en cada momento.

Cómo practicarlo cada día

Empieza con pocos minutos al día, en un lugar tranquilo. Di la frase en voz baja, observa dónde se siente la palabra y anota mentalmente lo que aparece. Puedes repetirlo al despertar, mientras caminas o antes de una conversación difícil.

No se trata de lograr una sensación concreta. Se trata de volver al presente cada vez que la mente se aleja. Esa vuelta, repetida muchas veces, es la verdadera práctica.

Para cerrar

El «yo soy» es un ejercicio pequeño, pero pide paciencia y atención. Como toda práctica de este tipo, funciona mejor cuando se hace con calma y sin prisas. Escucha el sonido, siente la vibración y deja que el pensamiento descanse un poco.


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2026.

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