El gran hermano virtual (Parte 3/3)

Platón y Aristóteles, detalle de «La escuela de Atenas», de Rafael. Dominio público, vía Wikimedia Commons.
Este programa es la tercera parte de «El experimento del viaje en el tiempo y la ciudad vacía». Si no conoces el relato de Alejandro, el joven de Buenos Aires que una mañana de 1988 entró en un bar vacío de aire antiguo y vio a una anciana junto a una radio a válvula, conviene leer primero el programa completo. Aquí Vicente Fuentes se detiene en el análisis de lo ocurrido y plantea su hipótesis de fondo.
La burbuja de irrealidad
Fuentes empieza reconociendo que se trata de una hipótesis. Dice haber visto centenares de casos de supuestos viajes en el tiempo y haber publicado un libro sobre el tema, y de ahí extrae una impresión: detrás de estos incidentes habría una inteligencia que busca algo, lo oculta durante años y lo protege con más celo cuanto más importante es. Los protagonistas relatan siempre algo parecido: sensación de ser observados, cierto agobio, la idea de estar siendo puestos a prueba, y a la vez una calma extraña, porque nada ni nadie los molesta. Todo es real al tacto y a la vez irreal: se camina por calles sin gente que parecen hechas para que uno las vea.
Lo compara con el programa televisivo «Gran Hermano»: el comportamiento del sujeto parece libre, pero está vigilado. Le llama la atención que, a diferencia de otros fallos espaciotemporales, aquí hubo un borrado de memoria: Alejandro olvidó todo durante quince años y sólo lo recordó al ver un programa de televisión. Para él, eso indica que no se trató de una simple falla del tiempo sino de algo inducido.
Los detalles que reconstruye
- La calle. Ancha y empedrada, cuando Alejandro conocía bien el barrio y sabía que no era así. Aun así no le saltaron las alarmas, como si algo estuviera «tocándole el cerebro».
- El bar. Un local tanguero de principios de siglo, con su barra, su madera cuidada, sus alambiques y su fachada, exactamente como uno querría encontrarlo, pero vacío. Había luz de día por las ventanas, ninguna luz artificial.
- La anciana y el reloj. Una mujer con una radio de frecuencia ininteligible que, sin mirarlo, señala un reloj que marca las 9:40. Para Fuentes, la escena es absurda: ¿por qué poner la radio si no hay nadie en la ciudad?
- El regreso. Una última transición sutil lo devuelve a un 1988 normal, con gente, y con la memoria del episodio borrada.
Por qué él
La pregunta que más interesa a Fuentes es por qué ese hombre. Su respuesta: Alejandro era una persona capaz de describir con precisión lo que veía, por su formación técnica en construcciones. Una inteligencia que quisiera estudiar a la especie humana elegiría a alguien que describiera el mundo con exactitud, lo pondría en un entorno cerrado y observaría sus reacciones: qué espera, hacia dónde va, qué necesita. Incluso razona que, extrapolado, el estudio podría ser a escala mayor, como hacemos nosotros con criaturas en un laboratorio. Y añade un giro inquietante: quizá quienes ven el video sean también parte del experimento, y sus conclusiones, parte de algo más grande.
Fuentes admite una alternativa más sobria, una interferencia espaciotemporal derivada de la antimateria, pero la descarta porque, dice, no explicaría el borrado de memoria. Hay que señalar que esa idea de la antimateria no tiene fundamento físico conocido; es una figura del presentador.
El ángulo escéptico
El relato es sugerente, pero no pude encontrar ninguna fuente independiente del caso: una búsqueda con los detalles del bar, la anciana, la radio y el reloj no dio resultados, así que todo depende de una carta enviada al presentador. Eso no significa que sea falso, sino que no se puede comprobar. Tres cosas conviene recordar:
- La memoria reconstruye. Un recuerdo que reaparece quince años después, gatillado por un programa de televisión sobre distorsiones del tiempo, y con detalles tan finos, es el caso clásico en que la mente completa huecos con imágenes de películas y relatos. No es mentira; es la forma en que recordamos.
- El «olvido» que el video toma como prueba de intervención externa es, en realidad, muy corriente: nadie recuerda la mayoría de sus mañanas. Que algo se vuelva significativo años después, tras un estímulo, no requiere un borrado.
- Buenos Aires está llena de cafés y casas de inicios del siglo XX. Un local real, mal ubicado o confundido con otro, puede explicar parte de la imagen. El edificio de ocho pisos y los álamos que halló después hablan en contra, pero también pueden deberse a que fuera otra esquina.
La idea de que una inteligencia nos observa y nos pone a prueba es muy antigua: la hallamos en las sombras de la caverna de Platón, donde los prisioneros toman por real lo que no lo es. Quizá por eso la imagen de Rafael que acompaña estas líneas, con Platón señalando al cielo, no es tan ajena a la historia. La diferencia es que Platón la presentó como metáfora de la ignorancia humana, no como un informe de laboratorio.
Lo que queda
Queda una escena que se queda en la memoria: una calle desierta, un bar perfecto, una anciana que no mira. Sea un recuerdo armado por la mente, una cita con el pasado o un experimento, el caso nos invita a ver con humildad. En el mundo antiguo, los sabios decían que el que mira la cueva y reconoce que es una cueva ya ha dado el primer paso hacia afuera.
Material audiovisual de referencia: https://www.youtube.com/watch?v=5zvmtMWHed8
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Lux Esoterica.
2026.
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