El hombre de negro que quería ver a una mujer sin ropa

El hombre de negro que quería ver a una mujer sin ropa
"El médico", de la Danza de la Muerte de Hans Holbein. Imagen ilustrativa, dominio público (Cleveland Museum of Art), vía Wikimedia Commons.

Dos visitantes vestidos de luto, pálidos, que caminan a pasitos y no saben rodear un sillón. Una pregunta fuera de lugar y una frase final que hiela: "el tiempo se ha terminado". Así cuenta un video una visita de los llamados hombres de negro, una de las leyendas más raras del mundo ovni. Veamos qué dice, qué se puede comprobar y qué queda cuando se apaga la linterna.

Lo que cuenta el video

El narrador arranca criticando las películas de Hollywood sobre estos personajes: según él, las comedias sirven para ridiculizar y tapar un fenómeno que incomoda a los poderosos. Y pasa al caso. Es septiembre de 1976, en el estado de Maine. Un hombre recibe una llamada de una voz metálica que pide visitarlo, acompañado de otra persona. Se encuentran en la puerta de un restaurante: un hombre y una mujer de entre treinta y cuarenta años, de piel blanquísima y ropa de funeral pasada de moda.

Caminan juntos hasta la casa con pasos cortitos, sujetándose uno al otro, sin decir palabra. Dentro rechazan las bebidas que se les ofrecen y se sientan, rígidos, mirando sin pestañear. El hombre hace preguntas personales y bruscas: cuánta televisión ven, qué libros leen. Acaricia torpemente a su compañera y pregunta si lo está haciendo bien. Luego le pide a la dueña de casa una fotografía suya sin ropa. La mujer dice por primera vez que quiere irse, pero queda trabada frente al hombre, como si no supiera rodearlo, y pide ayuda. Se van sin despedirse, con el mismo andar torpe.

El video lo presenta como la segunda parte de una historia: dos días antes, el padre de la casa, médico, habría recibido una visita parecida. El narrador se pregunta si son agentes secretos, viajeros del tiempo, extraterrestres o seres sobrenaturales.

Lo que pude comprobar

El episodio del padre sí está documentado en la literatura ufológica: el doctor Herbert Hopkins, médico y aficionado a la hipnosis, vivía en Maine y en septiembre de 1976 colaboraba en la investigación de un presunto avistamiento en la zona. Contó que, estando solo en su casa, recibió la llamada de alguien que se presentó como miembro de un grupo ovni de Nueva Jersey, y que el visitante apareció casi de inmediato, sin que viera ningún auto. Lo describió con ropa oscura, rostro muy blanco y sin vello, y labios rojos que manchaban el guante cuando se los rozaba.

La parte del hijo y su esposa, en cambio, no pude confirmarla en las fuentes que encontré. Puede estar en libros de la época o en versiones posteriores del caso, pero no hallé un registro firme, así que conviene leerla como relato del video y no como hecho establecido. Tampoco pude verificar la frase exacta sobre la fotografía ni el detalle de la cadera "mecánica". Todo lo que se sabe del caso viene de los propios testigos, contado años después y repetido de libro en libro.

Una mirada escéptica

El mito de los hombres de negro tiene un padre conocido: las historias de visitantes amenazantes que aparecieron en los años cincuenta alrededor de quienes decían haber visto platos voladores, y que luego fueron adornadas por escritores del tema. Cada relato se parece al anterior porque el siguiente narrador conoce el anterior. Las películas de los noventa solo sumaron la estética.

Hay explicaciones más terrenales que vale la pena poner sobre la mesa. Un testigo solo, en un estado de gran expectativa, después de semanas de investigar ovnis, puede vivir una visita como un sueño lúcido o un episodio de parálisis del sueño; son experiencias comunes y los afectados las describen con figuras pálidas, inmóviles y de movimientos raros. Por otro lado, no se puede descartar que un conocido haya gastado una broma pesada o que la historia haya crecido en el recuerdo. Lo que no tenemos es una sola prueba material: ni fotos, ni huellas, ni un registro independiente.

Hay que decir también que atribuir un plan secreto a "los poderosos" por las comedias de Hollywood es una inferencia sin sustento: que una película haga reír no demuestra que quiera ocultar nada.

La mirada esotérica

Las tradiciones antiguas tienen una galería de visitantes parecidos. El hombre vestido de luto que llama a la puerta y viene a avisar que el tiempo se acabó es, en el fondo, la vieja figura de la Muerte que recorre las danzas macabras de la Edad Media: pálida, torpe de tanto andar entre los vivos, imparcial con médicos y reyes. Los griegos decían que los mensajeros del Hades llegaban de a dos, y los cuentos populares hablan de huéspedes que no prueban la comida de los vivos, porque pertenecen a otra mesa.

Visto así, el hombre de negro es un espejo de nuestra época: una criatura de otro orden que no entiende cómo es un cuerpo humano, ni el afecto, ni el pudor, y que por eso nos incomoda tanto. Quizá lo inquietante no sea lo que quieren de nosotros, sino lo que revelan de lo que somos cuando nos miramos con ojos ajenos.

Material audiovisual de referencia: El hombre de negro que quería ver a una mujer sin ropa


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