El hombre de negro que se volvió loco
Un hombre altísimo, pálido, con traje negro que le queda grande, que se mueve como si le fallaran las articulaciones y que exige saber, a gritos, en medio del silencio de una biblioteca, por qué no crees en los platillos volantes. Parece la escena de una pesadilla, pero la cuenta un profesor universitario real. Este video narra el caso con todo su dramatismo y lo presenta como prueba de los "hombres de negro".
Lo que dice el video
El relato transcurre en 1980, en la biblioteca de la Universidad de Pensilvania. Un profesor especialista en folclore, a quien el video llama "Peter Rosevic" (el nombre correcto parece ser Peter Rojcewicz), lee con desgano un libro sobre ovnis que le prestó un colega. De pronto ve con el rabillo del ojo a un hombre de unos dos metros, muy delgado, de piel aceitunada y ojerosa, con corbata y zapatos negros y un traje suelto. El desconocido se deja caer en la silla de enfrente con un movimiento mecánico y le pregunta si ha visto algún platillo volante y si cree en el fenómeno ovni. Ante la respuesta tibia del profesor, se pone a gritar: ¿cómo puede no interesarle lo más importante del siglo XX? Se va con pasos cortos, le toca el hombro (con una mano helada) y le dice algo como "sigue adelante con el tema".
Entonces, según el relato, la biblioteca queda vacía y en silencio: sin estudiantes, guardias ni libros sobre las mesas. El profesor se queda paralizado una hora y, cuando por fin logra levantarse, todo vuelve a la normalidad, y nadie parece haber notado nada. A partir de ahí estudia el tema y concluye que los hombres de negro aparecen donde hay más avistamientos, van en parejas o tríos y a veces muestran credenciales falsas del FBI. El presentador remata con otras preguntas: por qué a él, y por qué ese aspecto.
Lo que pude verificar
El caso existe: Peter Rojcewicz ha contado que en 1980, sentado en la biblioteca de la Universidad de Pensilvania, leyendo un libro sobre ovnis que le había sugerido otro profesor, vio primero un pantalón y un zapato negros, y luego a un hombre muy delgado y muy pálido con traje negro. Una nota periodística de 1990 recoge su relato, y él mismo dijo en ese momento que nunca lo había hecho público antes (Deseret News). Una tesis doctoral suya en folclore en esa universidad figura en el catálogo de la biblioteca de Penn. No pude comprobar el resto de los detalles: la biblioteca desierta, la hora perdida, el gesto del hombro. Esos datos vienen del video, y no los encontré en las fuentes que pude consultar.
Tampoco confirmé la afirmación inicial del video de que hombres de negro aparecen en la muerte de Mozart o de Kennedy. Del caso de Mozart se conoce el relato del misterioso mensajero vestido de gris que le encargó el Réquiem, que en realidad era el enviado de un conde; de Kennedy no conozco ningún testimonio documentado de ese tipo, y lo dejo como una afirmación sin respaldo.
Una mirada escéptica
El profesor era folclorista, es decir, alguien que estudia cómo nacen y se transmiten las leyendas, y la escena que cuenta se parece mucho a un relato tradicional. Las tres características de la escena (un desconocido amenazante, un tiempo que se detiene, un lugar que se vacía) aparecen también en la parálisis del sueño, en los estados de disociación y en los episodios de fatiga extrema. Hay además un detalle importante: leía un libro sobre ovnis justo antes. Con la mente cargada de imágenes, un rostro enfermizo que pasa a su lado puede convertirse, en un instante, en "el hombre de negro".
La figura tiene, además, un origen conocido. Según lo que recuerdo, la leyenda moderna nació en los años cincuenta con el caso de Albert Bender y los libros de Gray Barker, y desde entonces se alimenta con cada nueva versión y con el cine. No digo que Rojcewicz mintiera; digo que la memoria de una experiencia aterradora se moldea con las historias que ya conocemos. Y lo de la hora perdida es imposible de comprobar sin testigos ni registro alguno.
La mirada esotérica
Que alguien con formación académica y sin interés previo cuente algo así vuelve el relato más curioso que cualquier ovni. El pálido visitante de traje desajustado recuerda al mensajero de la tradición: el emisario gris de Mozart, el visitante sombrío de los cuentos, el guardián del umbral que aparece ante el aprendiz justo antes de una prueba. No hace falta creer en seres de otra dimensión para ver el valor del símbolo: es una figura que obliga a mirar lo que se evita. Y la pregunta que lanzó el desconocido, "¿por qué no estás interesado?", es una que todo buscador acaba oyendo alguna vez.
Material audiovisual de referencia: El hombre de negro que se volvió loco
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Lux Esoterica.
2026.
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