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Una musa leyendo un rollo, lécito ático de figuras rojas, hacia 435-425 a. C. Autor: Pintor de Klügmann, dominio público, vía Wikimedia Commons.
"Un lector vive mil vidas antes de morir; quien no lee, solo vive una." La frase abre este video y es de las que se quedan. Lo que viene después es otra cosa: una presentación breve de un método de lectura rápida, pensada para promocionar un curso. Conviene separar la frase, que es hermosa, de la promesa, que merece examen.
Una frase con dueño
La sentencia no es antigua ni de un sabio oriental, como a veces se cree. Según los rastreadores de citas, pertenece al novelista George R. R. Martin, en A Dance with Dragons (2011), donde la dice un personaje, Jojen Reed, a un joven que prefiere las historias de combates: "Un lector vive mil vidas antes de morir. El hombre que nunca lee vive solo una". Es buena literatura y una buena razón para leer, sin necesidad de atribuirla a un maestro.
Lo que promete el video
El orador presenta a Jim Kwik como "el mejor maestro del mundo" en lectura rápida, y explica que cada día leemos noticias, mensajes, informes y libros, entre una y cuatro horas. Plantea una pregunta tentadora: ¿qué harías con dos horas extra si redujeras tu tiempo de lectura a la mitad con más comprensión y retención? Dice que en la economía del conocimiento se te paga por lo que sabés, no por tu fuerza física, y afirma que es un mito que leer más rápido baje la comprensión. Los lectores más rápidos, sostiene, entienden mejor porque están más concentrados. No hay buenos ni malos lectores, solo "entrenados y no entrenados", y con quince minutos diarios se podría leer un libro por semana: 52 al año.
Lo que dice la investigación
La afirmación central choca con la mejor revisión científica que conozco. En 2016, un equipo de psicólogos liderado por Keith Rayner publicó en Psychological Science in the Public Interest el estudio "So Much to Read, So Little Time" (Tanto para leer, tan poco tiempo). Concluye que existe un intercambio entre velocidad y precisión: es poco probable que alguien pueda duplicar o triplicar su velocidad de lectura y entender igual de bien. La lectura veloz o el hojeo permiten recorrer más texto, pero con comprensión apenas moderada. Lo que sí ayuda a leer más rápido sin perder comprensión es la práctica y el conocimiento del idioma y del tema. Los autores señalan además que muchos programas se apoyan en mostrar las palabras una a una, a gran velocidad, lo que choca con la forma en que los ojos y el lenguaje procesan un texto.
Hay una verdad escondida en el video: en la gente, leer rápido y entender bien suelen ir juntos. Pero es una correlación. Quien ya domina el vocabulario y conoce el asunto lee deprisa y comprende; eso no significa que apurar la lectura produzca comprensión.
La cuenta de los 52 libros
Tomé la promesa del libro semanal y la puse en números, con una estimación mía. Un libro común tiene unas 80.000 palabras, y un lector adulto promedio lee unas 250 palabras por minuto, de modo que cada libro lleva más o menos cinco horas y media. Quince minutos diarios suman unas 91 horas al año, es decir, unos 17 libros. Para llegar a 52 habría que leer tres veces más rápido, justo lo que la investigación pone en duda. Con 15 minutos al día, entonces, hay que apuntar a una docena y media de libros, lo cual ya es mucho.
Qué sí sirve
- Leer con un propósito: saber qué se busca antes de empezar.
- Mirar el índice y los títulos antes de entrar en el texto, y hojear lo que no importa.
- Detenerse a recordar de memoria lo leído y repasarlo al día siguiente y a la semana: la forma más sólida de retener.
- Leer a diario, aunque sean pocas páginas. El hábito rinde más que cualquier truco.
- Aceptar que algunos libros piden lentitud: poesía, filosofía, textos sagrados.
Una advertencia más. El video es, en el fondo, un aviso de un curso pago de un programa de desarrollo personal. Es normal que se vea entusiasta; lo prudente es no comprar la promesa por el entusiasmo de quien vende.
La lectura esotérica
Los antiguos no leían rápido. En las escuelas de sabiduría se leía poco, se repetía mucho y se meditaba lo leído: los pitagóricos hacían un examen de conciencia cada noche, y los monjes practicaban la lectio divina, la lectura lenta que se transforma en oración. Si un lector vive mil vidas, no es por apurar las páginas. Es por demorarse en ellas hasta que el libro nos lea a nosotros.
Material audiovisual de referencia: ACELERA tu APRENDIZAJE ahora mismo AQUÍ | Jim Kwik | Vishen Lakhiani | Súper Lectura
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