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Mostrando las entradas etiquetadas como cuentos para pensar

EL CORDERO Y LA BOLSA

Un día, un hombre iba caminando por un camino seguido de su cordero. Un ladrón lo persiguió, cortó la cuerda que ataba al animal y se lo llevó. Cuando el hombre advirtió lo que había pasado, bus­có por todas partes al cordero. Pronto llegó a un pozo donde vio a un hombre aparentemente desesperado. Aunque el pastor no lo sabía, era el mismo ladrón. Le preguntó qué hacía. El ladrón le dijo: "Se me ha caído un bolso en este pozo. Contiene quinientas monedas de plata. Si desciendes y lo res­catas, te daré cien monedas". El hombre pensó: "Cuando una puerta se cierra, se pueden abrir cien puertas. Esta oportunidad vale diez veces más que la oveja perdida". Se desnudó y se metió en el pozo. Y el ladrón se llevó su ropa. Rumi

El pàjaro de la India

Un mercader tenía un pájaro en una jaula. Como viajaba a la India, que era la tierra de donde provenía el pájaro, le preguntó si había algo que le pudiese traer de allá. El pájaro quería su libertad, pero como el mer­ cader se la negó, le pidió que visitara la jungla y que anunciase a los pájaros libres que él estaba cautivo. El mercader así lo hizo y en cuanto terminó de hablar un pájaro silvestre idéntico al que tenía, cayó desde un árbol, sin sentido. El mercader pensó que debía ser un pariente de su propio pájaro y se entristeció al pensar que él había sido la causa de su muerte. Cuando regresó a su hogar, el pájaro le preguntó si traía buenas noticias de la India. "No", dijo el mercader, "temo que mis noticias sean malas. Uno de tus parientes cayó muerto a mis pies tan pronto como anuncié tu cautiverio". En cuanto oyó estas palabras, el pájaro del merca­ der se desplomó como muerto. "La noticia de la muerte de su pariente lo ha ma­ tado", pensó el me...

Las cosas no son lo que parecen

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Dos Angeles viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada.  La familia era ruda y no quiso permitirle a los Angeles que se quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión.  En vez de ser así, le dieron a los Angeles un espacio pequeño en el frío sótano de la casa.  A medida que ellos preparaban sus camas en el duro piso, el Angel más viejo vio un hueco en la pared y lo reparó.  Cuando el Angel más joven preguntó “¿Por qué?”, el Angel más viejo le respondió, " Las Cosas no siempre son lo que parecen ". La siguiente noche, el par de Angeles se fue a descansar a la casa de un señor y una señora muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios.  Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los Angeles que durmieran en su cama donde ellos podrían tener una buena noche de descanso. Cuando amaneció, al siguiente día, los Angeles encontraron bañados en lágri...

Leyenda "los pajaros"

Érase una vez una niña indígena que no había conocido otro hogar que no fuera la selva en plena naturaleza virgen y salvaje. Adoraba los rayos de sol paseándose en la superficie del riachuelo y el canto de los pájaros que estremecía los amaneceres con su espontánea y rítmica melodía. Una melodía que se acunaba en el silencio de la mañana ante la atenta mirada del sol. Era el vuelo de los pájaros el que abrazaba la tierra en un gesto protector que la tenía ensimismada. La niña siempre había creído que los pájaros eran los mensajeros de los ángeles, los reyes del cielo, y que su presencia contribuía a que el mundo recobrara su belleza originaria desde el palpitar de los orígenes del Universo. La Tierra era un planeta predestinado a sentir desde el corazón y a ser respetado por todas las especies y, en cierta manera, la niña percibía a los ángeles y a los pájaros como los vigías del espacio que habitaban. Podía decirse que la niña casi veneraba a los pája...

El corazòn màs hermoso

Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.   Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en él ni máculas, ni rasguños.  Si, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.    Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar.   De pronto un anciano se acercó y dijo: ¿Por qué dices eso, si tu corazón no es ni tan aproximadamente tan hermoso como el mío?   Sorprendidos, la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices, y hasta había zonas donde faltaban trozos y estos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se...

Enseñanazas de Meher Baba

Un día, Meher Baba preguntó a sus mandalíes: -¿Por qué las personas se gritan cuando están enojadas? Los hombres pensaron durante unos momentos. -Porque pierden la calma -dijo uno-, por eso se gritan. -Pero, ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado? -preguntó Baba-. ¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado? Los hombres dieron algunas otras respuestas, pero ninguna de ellas satisfacía al maestro Meher Baba. Finalmente, él explicó: -Cuando dos personas están enojadas y discuten, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esta distancia, deben gritar para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse la una a la otra a través de esa gran distancia. Luego, Baba preguntó: -Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Pues que no se gritan, sino que se hablan suavemen...

EL SAMURAI Y LOS TRES GATOS

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Un samurai tenía problemas a causa de un ratón que merodeaba por su casa. Alguien le dijo: "Necesitas un gato". Entonces, buscó uno en el vecindario y lo llevó a su vivienda. Era un felino impresionante, hermoso y fuerte. Pero el ratón era más astuto que el gato y se burlaba de su fuerza. Por lo tanto, el samurai adoptó un segundo gato, mucho más listo que el primero. Desconfiado, el ratón sólo aparecía cuando aquél se dormía. Entonces, le trajeron al samurai el gato de un templo zen. Tenía aspecto distraído, era torpe y parecía siempre soñoliento. El samurai pensó: "No será éste el que me librará del ratón". Sin embargo, el gato, siempre soñoliento e indiferente, pronto dejó de inspirar precauciones al ratón, que pasaba junto a él sin hacerle caso. Un día, súbitamente, lo atrapó de un zarpazo. Cuento de la tradición budista zen, tomado del libro "La práctica del zen", de Taisen Deshimaru